



El fin de semana pasado, resolví cambiar el estudio de Java por 2 días de rafting en Mendoza. Y no me arrepiento.
Si hay gente propensa a sufrir de locura temeraria es la que se dedica a programar. De pronto te dan ganas de estrellar el monitor contra la pared y salir corriendo. Te desconcierta la infinita abstracción de la programación y rebeldía constante de los bits.
Esos bits que se niegan una y otra vez a tomar la forma que queremos darle y a comportarse como “deben”
Como el monitor es LCD y es propiedad de la empresa, me pareció mas saludable y seguro dedicarme al “turismo de aventura”.
Tampoco estuve sola en esta aventura. Fuimos 27 (veintisiete) compañeros de trabajo.
El rafting estuvo genial. Es sorprendente la sencillez de la teoría y la dificultad de la práctica de rafting. En teoría hay que remar para romper las olas, así de simple. Pero se complica porque hay que remar del lado apropiado del bote, sincronizado con los otros compañeros, en el momento exacto y el tiempo necesario.
Hacer Rafting es enfrentar al río, medir tus fuerzas con las de el para vencerlo, unir esfuerzos con tu team para engañarlo y superarlo. Es emocionante cuando se logra que el “gomón” o bote pase indemne los rápidos. Uno se siente realizado allí, pero también es una lucha por la supervivencia. Esta el peligro siempre latente y al acecho de caerte al agua. Y ese no es un peligro menor, teniendo en cuenta que la corriente es muy fuerte (el río Mendoza esta en pleno deshielo) y que hay muchas piedras.
Yo me caí en una oportunidad, y la sensación que me produjo es “la de morirse”. Una ola me arrojo y de repente vi todo marrón (el agua arrastra sedimentos). Para cuando pude sacar la cabeza del agua, yo ya estaba lejos de mi bote y no los veía por ninguna parte. Nadar contra la corriente es imposible, ella me arrastraba según sus caprichos. Hay que “alejarse de las piedras” pero fácil es decirlo y difícil hacerlo. Sin ritmo y sin pausa las olas rompían en mi cara, dificultándome respirar, hasta que me avive de meter la cabeza en el agua cuando veía alguna venir. Por supuesto que hay seguridad, hay kayaqueros dispuestos a rescatarte pero yo tuve la mala suerte de que un bote se habia dado vuelta justa antes de que yo me cayera. Así que estaban todos ocupados rescatando a los otros.
Recorrí unos 800 metros nadando como pude en el río hasta que me rescataron. Es increíble como el tiempo se detuvo mientras estaba en el río, tuve tiempo para pensar:
“-las piedras son malas tengo que alejarme de ellas”
“-y Como lo hago?”
“-Con el remo. “
“-Usa el remo para apartarte de ellas.”
“-Agacha la cabeza, o date vuelta para no tragar tanta agua”
“- Y donde están los otros?”
“-Han quedado atrás mío porque yo voy mas rápido”
“- Tengo miedo”
“-y ahora que hago?”
“nada, pero con las piernas encogidas, no sueltes el remo”
“-Y esa especie de “agujero negro en el agua que es?(es un “hueco y te chupa hacia el fondo asi que tampoco son buenos)
“-Me estoy muriendo, estas olas son muy fuertes, me voy a ahogar, no lo voy a lograr”
“-De eso nada. Voy a intentar ir hacia la orilla. Vamos, así. Aguanta un poco mas”
Y al final cerca de la orilla me rescato un kayaquero y me llevo de vuelta a mi bote.
La experiencia es muy linda, me encanto el rafting y las montañas de Mendoza. Son imponentes. El paisaje parece pintado por un artista, solo que la naturaleza supera la imaginación de cualquier artista.
Y a la noche vi un montón de estrellas.
Otro año voy a volver (primero voy a practicar remo asi lo hago mejor)
Y acá están las fotos: